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jueves, septiembre 22, 2011

Presentación de "Fuegos de Barrio y Arado", de Luis Calvo, Premio Gustavo Batista Cedeño 2011

Gracias a todos los presentes y a Luis Calvo, por su obra y por invitarme a realizar su presentación dentro de este Ars Amandi 2011.

Es la primera obra completa que conozco de Luis, ya antes conocía algunos de sus labores poéticas. De hecho nos conocimos tratando de hacer poesía en un programa de formación política en el que dudamos mucho de la mitad de las cosas que nos dijeron, y en la otra mitad creemos muy poco. Puede ser porque ambos, como otros compañeros, no creemos. Pensamos, recordamos y sentimos, pero no creemos.

Aunque quisiéramos creer “que hubiese algo más allá… de verás… pero todo señala que el aquí y el ahora… nada más”, verso que puede aplicar tanto a la preocupación del más allá como a la ocupación del más aquí, ante la realidad en que vivimos.

Y decía que tratábamos de hacer poesía en ese espacio porque la poesía no está solamente entre el papel y la tinta, o en la pantalla de algún aparato, sino que puede encontrarse en todos lados, comunicando algo, y el proceso de plasmarlo por escrito es tan solo una parte de la vida.

En tal sentido, me gusta la obra –y no puedo decir más que me gusta porque primero, leo poesía pero no soy “especialista” en la materia, y aunque lo fuera no quisiera emitir un juicio que se pretenda definitivo- porque no necesita dividirse para hablar de lo individual y lo colectivo, de la inserción del individuo en la vida de todos como cuando aparece “la vida entre renglones” del autor describiendo todo lo que es la calle “a las cinco”, de las tristezas que todos experimentamos, de las angustias y esperanzas que produce la reflexión sobre los temas sociales, locales, nacionales, regionales y globales, de los miedos que nos inyectan “desde la cuna a la tumba/ como para caminar siempre de puntillas”, de la democracia –la de aquellos- que en su nombre empapa las paredes con sangre del pueblo, en Changuinola, en Honduras, o en tantos otros sitios con “uniformes camuflados de odio/ repartiendo orden ciego” que obligan a reconocer que para ser dueños de nuestra historia, la “historia se escribirá con el fuego/ surgido del barrio y el arado” o nunca será nuestra historia.

En particular, me identifico con los poemas “Definitivamente, estoy amargado”/lanzando espumas filosas/ y blasfemias ateas”… ya imaginarán porque digo que me identifico los que me conocen, pero sabrán realmente porque lo digo quienes en realidad me conocen, y “Mal día”/espero inútilmente a mi amada/ encajonado frente a un monitor,… no pude leer a Gramsci/ y mi trabajo se tuvo que resignar/ a mejores domingos”, cuántos malos días pasamos encajonados frente a un monitor, perdiendo la vida porque “de algo hay que vivir”.

Me gusta porque tiene la elegancia válida y profunda que solamente permite la sencillez, el contacto con la tierra y la gente. Porque no se adorna en palabreríos para decir que es poesía porque suena bonito aunque no diga absolutamente nada “versos/ que no conocen de sudores comunes/ ni dolores cotidianos… poesía ajena que conquista/ pero que no tiene ojos”.

Quizás por eso no llegue a ser un éxito de ventas en el mercado local, que dicen no está preparado para cosas mejores –ojala lo sea, aunque estoy seguro que no fue escrito con ese fin, lo que le haca ganar aun más valor a la obra- pero pienso que definitivamente sí será recordado y formará parte de la historia de quienes tengan la buena suerte de leer Fuegos de barrio y arado.

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