De algo debe servir el uso de lugares comunes en el lenguaje. Que la juventud “no sirve”, son “delincuentes”, que “ya no hay valores”, antes “no entraba cualquiera a mi colegio”, en fin “todo era mejor”. Lo mismo que escuché mientras estaba en secundaria y empezando mi vida universitaria. Lo mismo que escucharon nuestros mayores de sus mayores.
El último episodio en provocar estas expresiones, ha sido la protesta de los estudiantes la semana pasada en reclamo de la promocionada beca universal del actual gobierno. De ninguna manera voy a defender lo que me parece un exceso. Tampoco voy a condenar a sus autores, mucho menos en términos generales: la difundida costumbre de generalizar inevitablemente conduce a errores.
Más que explicar mis razones, les propongo algunas preguntas al respecto:
¿Qué le puede exigir una sociedad a sus miembros, que antes no le haya proporcionado?, por ejemplo, ¿qué patrones de conducta, cuáles son los ejemplos que recibe un joven, para que pueda ser condenado por repetir en su espacio de vida lo que socialmente es normal?, ¿la exigencia planteada en la protesta no es otra manifestación de las relaciones paternalistas-clientelistas que sirven de base a nuestro sistema político, que se observan en la administración pública, desde la relación dueños-candidatos-bases en los partidos políticos, a la relación Ejecutivo-empresas-Legislativo-puestos públicos?, ¿no son acaso los valores socialmente dominantes los que van a ser más fácilmente practicados?, ¿surgen los jóvenes, con toda la carga de aspectos negativos que se les achaca, de la nada, o su conciencia y conducta es el producto de relaciones sociales?
Hasta el momento se dirá que justifico lo acontecido y puede surgir la pregunta: ¿acaso no pueden reaccionar en sentido contrario, es decir, repudiando las malas prácticas?, desde luego, entonces ¿por qué no lo hacen?, ¿quién dijo que no lo hacen?, ¿no será que son menos visibilizados y muy poco apoyados quienes lo hacen o quieren hacerlo?, ¿no facilitaría esa reacción la existencia de organizaciones de jóvenes, para jóvenes, independientes, de toda naturaleza y objetivos?, desde luego.
¿Dónde está el origen de la corrupción en los movimientos estudiantiles, otrora vanguardia de la lucha política y social por el perfeccionamiento de la identidad, integridad, libertad y dignidad de nuestro país?, ¿dónde está el origen de su prohibición o la introducción de obstáculos en la educación secundaria para el debate ideológico entre los jóvenes, herramienta que encausa su rebeldía hacia la imaginación de sociedades posibles y su vinculación con iniciativas políticas en esa dirección, como corresponde en una sociedad realmente democrática?, ¿dónde está el origen de la mediocridad y doble discurso en el espacio universitario, sino es en el secuestro que sufre la Universidad pública por “autoridades” y estamentos que ignoran el papel fundamental de la institución en la vida nacional a cambio de prebendas?
¿A quién beneficia la falta de cuestionamiento sobre los profundos problemas sociales que pueda realizar una juventud sin más compromiso que su propio ideal de futuro?, ¿a quién beneficia un ser humano incompleto y subordinado a lo establecido?, ¿a quién beneficia la imagen que asocia a la juventud con actividades delictivas, escondiendo de las manos de la justicia y las primeras planas de los medios de comunicación al gran crimen de saco y corbata que genera las condiciones en que la juventud vive?, ¿a quién beneficia invertir en represión y cárceles, en vez de invertir en cultura, educación, salud y deporte como instrumentos de una política de seguridad humana a corto, mediano y largo plazo?, ¿a quién beneficia no invertir en la educación integral del ser humano, a quién sostiene en el poder, a quién beneficia dificultar el acceso a los conocimientos y los instrumentos de su desarrollo?, ¿a quién beneficia la debilidad en las perspectivas de transformación social y la resignación por tener que “adaptarse”, “madurar”, porque “las cosas son y siempre han sido así”?
Emitir un juicio o comentario sobre lo sucedido implica considerar un gran número de variables, no es cuestión de rasgarse las vestiduras únicamente. A los jóvenes más jóvenes que les haya interesado leer estas líneas: sabemos que tienen la capacidad de pensar por ustedes mismos, la obligación vital de aspirar a tiempos mejores y el derecho de convertir esa aspiración en realidad. No se dejen convencer, no se dejen arrastrar, no se sorprendan repitiendo lugares comunes dentro de algunos años.
De algo deben servir los lugares comunes en la política. Otra política es posible.
lunes, noviembre 01, 2010
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