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domingo, julio 18, 2010

18 de julio de 2010. Panamá.

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Aquí, en este año 2010, hemos finalmente despertado en el siglo 21. Desde las últimas décadas del siglo 20 se realizaron las reformas para acoplar el modelo económico del país a las exigencias del esquema neoliberal dentro del estado actual del proceso de globalización, redefiniendo los contenidos de la soberanía hasta llevar al Estado al límite de su papel: control interno y el choque a iniciativas regionales contrarias a tal esquema.

Hay que reconocer que los administradores hicieron un excelente trabajo a los dueños, tanto que lograron una impopularidad y ausencia de credibilidad a tal nivel, luego de subordinar lo social a lo económico esperando a que ocurriera el “derrame” de beneficios, que facilitaron su desplazamiento del gobierno por los dueños mismos, acostumbrados a imponer sin atención a las formalidades, como ocurre en las empresas sin sindicato y con autoridad dispuesta. Era de esperarse, los gerentes cumplen o estorban, son removidos como cualquier trabajador aunque se crean muy bien “posicionados”, y sólo se contrata lo estrictamente necesario por el tiempo estrictamente necesario. La población fastidiada creyó haber votado por un cambio, como en efecto está ocurriendo. Nadie dijo nada concreto sobre el carácter del cambio.

La mitología del siglo pasado, expresada en el discurso de un solo pueblo en un país con un futuro mejor para todos, más justo y equitativo, incluyente y de oportunidades, sobrevivió 10 años, el tiempo que tomó la esperanza para tornarse incertidumbre y de ahí alcanzar a golpes (perseguidos, detenidos, heridos y muertos incluidos) el nivel de conciencia, de que la recuperación de la titularidad sobre la Zona del Canal, sin acompañarse de una posición independiente del país en el escenario internacional y una transformación de la estructura económica, obstaculizadas por nuestra inserción en el sistema económico global junto a las características y dependencias de los grupos de poder y su influencia en nuestra cultura y nuestro sistema político, solamente significa un traspaso en la administración y el mantenimiento de los beneficiarios de siempre: el comercio internacional, los intereses estratégicos de los sectores dominantes de los Estados Unidos de América y los intereses inmediatos de los socios en Panamá. Sobrevivió 10 años el mito y la paciencia, en que poco se hizo y lo hecho fue insuficiente, hoy tenemos lo que tenemos, se dice (uno nunca sabe) que mínimo por 4 años más. Claro que queda el uso del discurso mitológico, pero creer hoy más que nunca es una labor de terca resistencia a la razón.

Aunque definitivamente sigue jugando su papel, ya no hay enemigo externo al otro lado de la cerca para desviar la atención, ni causa que unifique la diversidad de actores. No hay quinta frontera. El enemigo está adentro, como siempre ha estado, y luego de la reversión de activos, el aumento de los ingresos nacionales y en general, un desempeño macroeconómico positivo que no toca tierra, que no alcanza la humanidad en el mundo real, que no llega a las escuelas, ni a los centros de salud, ni a los estómagos, ya no es posible maquillar las profundas contradicciones de intereses internos existentes en el país que hoy revientan a la luz, luego de permanecer en segundo plano durante un siglo 20 dedicado a la búsqueda de una solución a la cuestión nacional.

Las desigualdades no son un problema de insuficiencia en la producción a solventarse con crecimiento, es decir con el abuso y mal uso infinito y creciente de la materia y energía disponible en este sistema cerrado y finito de vida del cual formamos parte, sino de injusticia en la distribución provocada por injusticia en la propiedad sobre (por lo menos) elementos fundamentales de ese sistema de vida. Donde estamos hoy es injusto e insustentable, y las cosas no dejan de ser lo que son hasta que cambian en su estructura, no es cuestión de adornos, filantropía, limosnas a los pobrecitos pobres, teletones, responsabilidad social empresarial y capitalismo verde.

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Los últimos sucesos de junio-julio 2010 confirman un cambio en la forma de gestionar políticamente el mantenimiento del modelo económico y sus consecuencias, atravesando de la democracia formal al totalitarismo de mercado, que identifica los intereses del capital como interés nacional, y todo lo que le sea contrario, como enemigo del progreso, de la patria, o de cualquier otro elemento circunstancialmente útil tomado de la agonizante mitología nacionalista del siglo 20.

Este modelo continuará ampliando las desigualdades sociales porque se basa inevitablemente en una lógica de acumulación y concentración sin la cual no puede existir, la cual requiere reducir estándares en este proceso de hipermercantilización de los procesos y espacios de vida. El contenido de la Ley 30 de 2010 en materia ambiental y laboral, donde ven posible reducir costos (como también es el caso de la reforma curricular) se explica en la lógica y sus implicaciones arriba mencionadas, junto al andamiaje jurídico elaborado con la misma ley en el tema de procedimiento a las unidades de la Policía Nacional vinculadas a casos de uso excesivo e injustificado de la fuerza y con la Ley 14 de 2010 limitando el derecho a la protesta, previendo el carácter conflictivo de las modificaciones a las formas de convivencia que se proyectan, la necesidad de la imposición, la fuerza y la violencia.

La institucionalidad, siempre débil y debilitada en nuestro pequeño paraíso del caudillismo, centralismo, clientelismo, corrupción e impunidad, hoy se ve desnuda y raquítica en su verdad de poca participación, poca democracia, poca independiencia de iniciativa y criterio, en otras palabras, instrumento de intereses particulares. El Legislativo se gradúa como correa de transmisión del Ejecutivo (¿qué ley desea señor presidente?, usted ordene, ¿qué ley desea Corea del Sur en Panamá, señor presidente?) y el Judicial se limita a interpretar los vacíos y ambigüedades a discreción, llenando las ignorancias de los diputados según las necesidades del cliente.

En lo político, se observa un proceso de tránsito desde la partidocracia, donde los partidos son fachadas e instrumentos del poder económico distribuido en sus cúpulas, hacia la concentración de mayor poder económico en un sólo partido. La eventual absorción de los partidos de la alianza oficialista por el partido Cambio Democrático de Ricardo Martinelli y las barreras para la construcción de alternativas políticas dentro del sistema político electoral, son señales en tal sentido. Otros elementos que influyen en tal escenario son las disputas internas entre sectores del poder económico, la existencia de pseudo alternativas en los partidos tradicionales como el Panameñismo y PRD, y la demora en el proceso de maduración y consolidación del movimiento político de izquierdas, popular y ciudadano, con sus agendas específicas y puntos de encuentro.

-3-

Este proceso de imposición de un modelo totalitarista identificado con los intereses del mercado en su lógica capitalista, versión neoliberal, tiene profundas huellas bajo distintas formas en Nuestra América, de terror, heroica resistencia y búsqueda inconclusa de alternativas. Este sendero ya ha sido transitado recientemente bajo otra forma por el pueblo de Honduras, a partir del 28 de junio del 2009. Los vínculos comunes y nada casuales de los (por ahora, aclaro) "ganadores" con las ultraderechas de los Estados Unidos de América, Colombia e Israel, todos especializados en el terrorismo y la violencia como método de control social, y la permanente amenaza de intervención militar estadounidense en protección de sus intereses geoestratégicos por la ruta interoceánica, contemplada incluso en el Tratado de Neutralidad Permanente del Canal de Panamá (1977), no permiten vislumbrar salidas sin claroscuros, ni aseguran la llegada de todos al final natural de nuestra vida.

Frente a la imposición del derecho corporativo contra los derechos humanos, del poder del dinero contra la dignidad humana, hay que prestar especial atención en este período (sin pretender dar una lista exhaustiva, sino lo que identifico como ejes de definición de conflictos) a todo lo relacionado al trabajo, al ambiente, la educación y la valoración de la diversidad contra la uniformidad pretendida del ser humano como productor o consumidor de mercancía. Muy importante, jamás lograremos ser libres, mientras sigamos respondiendo ciegamente a las parcelitas en que nos dividen, en las cuales nos asignan una bandera, un himno y una rivalidad latente a explotar siempre contra el trabajador que tiene otra banderita, otro himno. ¿Cómo avanzar, si entre nosotros aceptamos que nos pongan a competir por quién se reduce a menor nivel los estándares?

-Fin-

La lucha, la pelea, es peleando por objetivos dentro de un proyecto integral de país, no negociando y quedando estancado a conveniencia en la mitad del camino. En las difíciles condiciones -vale decir adversas- que se presentan, mientras haya lucha hay posibilidad de vivir, mientras haya vida hay necesidad de luchar.

1 comentarios:

  1. En este país la poca institucionalidad que hay la están usando de papel higiénico.

    Me gusta sobre todo tu análisis de la partidocracia en el último párrafo del número 2.

    Saludos,
    joao Q

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